
Redacción | Pulso Empresarial
Parece que el menú en las mesas bolivianas está cambiando, o al menos eso es lo que dicen las cifras. Si hace unos años era normal ver las góndolas de los supermercados llenas de latas y productos marinos, el panorama hoy es muy distinto.
Según el último reporte del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), basado en datos oficiales, las importaciones de pescado y sus derivados han pasado por un “bajón” impresionante. Para tener una idea: en 2019 estábamos en la cima, trayendo productos por un valor de 25 millones de dólares. Para 2025, esa cifra se desplomó a solo 9 millones. Una reducción de más del 60%.
¿De dónde venía lo que comíamos? Aunque compramos a 61 países diferentes, el “club de los cinco” concentra casi todo el mercado:
- Chile (24%) y Argentina (20%) lideran el ranking, aprovechando la cercanía.
- Ecuador (17%), China (10%) y Tailandia (8%) completan la lista de los favoritos.
¿Qué es lo que más llega?
No todo es filete fresco. Lo que más se mueve son las preparaciones y conservas (el clásico atún o sardinas en lata) y el pescado congelado. Solo en estos dos rubros se van más de 4 millones de dólares al año.
¿Qué está pasando?
Desde 2020, la caída ha sido constante. El avance a enero de 2026 muestra números bajísimos (apenas 320 toneladas), lo que podría indicar que el mercado local está buscando alternativas o que los precios internacionales están haciendo que lo pensemos dos veces antes de abrir una lata.
Entonces, estamos importando menos, gastando menos en el extranjero y, probablemente, dándole más espacio a la producción nacional o cambiando de proteína.
