“¡El futuro es circular o no habrá futuro!”

Por Heiver Andrade Franco (*)

La contaminación del aire y del agua o la inadecuada gestión de los residuos son temas pendientes que debemos empezar a reflexionar y repensar para ser capaces de incidir y generar nuevas políticas públicas que nos permitan frenar estos desequilibrios sobre los que científicos y ambientalistas alertan desde hace varios años.

En el caso de la gestión de residuos, que es el tema que me lleva a esta reflexión, hasta el día de hoy, no existe municipio en el país que haya solucionado disruptivamente este problema. Los gases de efecto invernadero y lixiviados que generan los rellenos sanitarios en las ciudades permiten ver sus consecuencias: contaminación del aire, del agua y contribución al cambio climático; cuando la ruta global es llegar al 2050 con carbono neutro.

Modelos de gestión incompatibles con el contexto actual permiten que la utilización de nuestros recursos (materia prima) sumado a nuestros hábitos de vida generen ingentes cantidades de residuos que, la mayoría de las veces, permitimos se dispersen porque hemos ignorado su valor y preferimos que vayan a parar a rellenos sanitarios o botaderos de basura.

Así, es evidente que cada vez las materias primas serán más escasas, más caras y seguramente los estándares de sustentabilidad en los procesos productivos serán más exigentes. Es por eso que debemos pensar que cada tonelada que llega a un vertedero es una tonelada de errores cometido por gobiernos, empresa y sociedad civil por permitir que, diariamente, inmensas cantidades de materia prima sean enterradas, envenenando al planeta a tal punto de empezar a poner en riesgo a la especie humana.

Desde la mirada de la economía circular, el tema no pasa solamente por incrementar las cantidades recicladas, sino, fundamentalmente, por fomentar una nueva ética de producción y consumo que permita entender con claridad cómo tenemos que producir, qué productos poner en el mercado y qué tenemos que consumir.

Esa nueva ética tendrá, por ejemplo, que establecer lo siguiente:

  1. Generar el mínimo de residuos desde el inicio de un proceso productivo.
  2. Todos los empaques deberán ser reciclables para garantizar una segunda vida.
  3. Menos plásticos en todo envase y, si se los usa, deberán ser monopolímeros.
  4. Fomentar la reparación de equipos y artefactos, algo que seguramente debería ir acompañadas de nuevas políticas públicas.
  5. Campañas de educación ambiental-ciudadana bajo el espíritu de “basura cero”.
  6. Políticas que erradiquen la demanda inducida y la obsolescencia programada de todo artefacto de primera necesidad o tecnológico.
  7. Fomento a proyectos y concursos de reutilización.
  8. Cambiar la malla curricular en la etapa primaria de la educación escolar.
  9. Generar voluntad política y visión sustentable.

Lo estratégico y fundamental es que el político que ocupa la silla municipal entienda que el mejor servicio no pasa por la puntualidad del carro basurero, sino por la menor cantidad de residuos que llega a los rellenos sanitarios y por la mayor cantidad con una segunda vida en nuevos procesos productivos. Es decir, en el marco del modelo de la economía circular aplicar las 9 R de su filosofía: repensar, rediseñar, re-fabricar, reparar, redistribuir, reducir, reutilizar, reciclar y recuperar energía.

Es verdad que todo esto conlleva un cambio de cultura de todos los sectores de la sociedad y en esta reflexión uno se pregunta ¿por qué hoy apagamos la luz o cerramos los grifos del agua? La respuesta obvia es porque hemos aprendido que utilizar mal un servicio genera un costo que se refleja en la factura mensual, además de lo irresponsable que se pueda ver. Bajo el mismo criterio deberíamos empezar a pensar e innovar en la gestión de residuos, problema que no disminuirámientras pensemos que llevar basura al vertedero o botadero es un procedimiento más cómodo y barato.

En el marco de esta nueva ética, debemos buscar nuevos mecanismos como incentivos al ciudadano para que recicle, a las empresas para que elaboren productos sustentables y motivaciones a los recicladores de base. También es necesario que el gobierno municipal acompañe con campañas de concientización, educación ciudadana y con tasas justas. Por ejemplo, establecer que las empresas verdes NO paguen impuestos en los primeros 10 años; que las empresas con metas de carbono neutro paguen menos impuestos y accedan a préstamos verdes con bajos intereses, etc.

Y, finalmente, me pregunto: ¿alguna vez visitaste un relleno sanitario o botadero? Talvez sea el momento de hacerlo o, mejor aún, incorporarlo como parte de la educación de los niños en edad escolar siguiendo el ejemplo de Dinamarca, donde no hay niño que a sus 10 años no haya visitado por lo menos una vez un centro de estas características y haya entendido la implicancia de generar y botar residuos. Si eso ocurre en Bolivia, estoy seguro de que el cambio empezaría en casa y menos bolsas negras se echarían diariamente al cesto de basura. ¡Entonces habremos entendido que el futuro es circular o no habrá futuro!

*Director de Fundación AMIGARSE

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