El fertilizante que multiplica la cosecha: roca fosfórica y el salto productivo del agro

El Ing. Juan Bellott Montalvo (der.) junto a su hermano, Javier Bellott, en la presentación de la investigación en el Palacio Portales, en Cochabamba.

Sandra Arias Lazcano | Pulso Empresarial

En Bolivia se habla mucho de mejorar la productividad agrícola, pero pocas veces se pone sobre la mesa una comparación tan clara como esta: en el área andina, usando solo abono de estiércol se obtienen en promedio 5 toneladas por hectárea; con roca fosfórica, la producción puede subir a 25 e incluso 30 toneladas por hectárea.

El salto es enorme y no es teoría, es el resultado de años de investigación y experiencia de campo desarrollados por el Ing. Juan Bellott Montalvo, quien tiene una larga trayectoria académica en la Universidad Mayor de San Simón y presentó su estudio la noche del miércoles, en el Palacio Portales.

Un recurso boliviano con alto potencial

La roca fosfórica es una roca sedimentaria natural rica en fósforo, un nutriente esencial para el desarrollo de raíces, tallos y la formación de frutos. A diferencia de los fertilizantes químicos solubles, este material libera el fósforo de manera lenta y sostenida, lo que mejora la eficiencia del nutriente y la salud del suelo, sobre todo en suelos ácidos, muy comunes en varias regiones de Bolivia.

No se trata de importar soluciones. Bolivia cuenta con yacimientos de roca fosfórica, y uno de los más importantes se encuentra en Capinota y zonas aledañas, en Cochabamba, donde ya existe información confirmada sobre la cantidad y la calidad del recurso. Esto la convierte en una materia prima estratégica para la producción nacional de fertilizantes y para reducir la dependencia externa.

Usada de forma adecuada, la roca fosfórica no solo aporta fósforo, sino también más de 70 oligoelementos, esenciales para el equilibrio nutricional de los cultivos. Además, cumple una función clave en la remineralización de suelos, ayudando a corregir la acidez y a recuperar tierras degradadas por el uso intensivo.

El autor (centro) junto a sus hermanos y el presentador del libro Lalo Rodríguez (izq.).

¿Cómo se usa y en qué cultivos funciona mejor?

La roca fosfórica se aplica generalmente molida, en forma de harina, y es especialmente efectiva en cultivos como papa, maíz, arroz, frutales y pastos, donde la deficiencia de fósforo limita seriamente los rendimientos. Su uso permite no solo aumentar la producción, sino también acortar los ciclos de cultivo y mejorar la calidad de las cosechas.

Este enfoque se alinea con los esfuerzos nacionales por industrializar la producción de fertilizantes utilizando recursos locales, como ya ocurre con la planta de fertilizantes en Cochabamba. Es una apuesta económica, ambiental y productiva.

El respaldo científico detrás del cambio

El sustento técnico de esta propuesta está en el libro “Roca fosfórica: el secreto de la productividad” del Ing. Juan Q. Bellott Montalvo, una obra especializada que reúne décadas de investigación sobre el uso de la roca fosfórica en los distintos pisos ecológicos de Bolivia: altiplano, valles y trópico húmedo.

Bellott demuestra, con datos experimentales, que la roca fosfórica es una alternativa viable, económica y sostenible frente a los fertilizantes importados, especialmente para pequeños productores. Además, estudia técnicas para mejorar su eficiencia, como la acidulación parcial, la cogranulación con fertilizantes solubles y su uso como enmienda correctora de suelos ácidos.

Su trabajo combina investigación académica, docencia en la UMSS y ensayos prácticos en cultivos clave, lo que convierte al libro en una guía técnica con aplicación directa en el campo.

Un cambio posible y urgente

Pasar de 5 a 25 o 30 toneladas de productividad por hectárea no es un detalle menor: es la diferencia entre subsistir y producir con rentabilidad. La roca fosfórica representa una oportunidad concreta para mejorar ingresos, fortalecer la seguridad alimentaria y avanzar hacia una agricultura más sostenible y soberana.

A veces, la clave para transformar el agro boliviano no está en buscar más lejos, sino en aprovechar mejor lo que ya tenemos bajo nuestros pies.

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