T’anta Mila, el arte de hacer panes con personalidad y convertirlo en un buen negocio

Las variedades de pan artesanal de T’ante Mila.

Jailón, Coqueta, Consciente, Humilde y Atrevida son los nombres que figuran en la carta de panes de T’anta Mila, la panadería con la que la estudiante de gastronomía Camila Mariscal engrosó las filas de los emprendedores hace un par de meses, en Cochabamba, mientras aguarda poder volver a Buenos Aires a terminar los dos meses que le faltan para graduarse.

Las clases se suspendieron por las restricciones debido a la pandemia del coronavirus y tuvo que regresar al país. Mientras regía la cuarentena, practicaba con algo que está de moda en Argentina y es el pan de masa madre que acompaña guisos, ensaladas, quesos y otros bocadillos.

La emprendedora Camila Mariscal con una pieza fresca de pan.

La masa madre es un fermento de agua y harina, sin usar levadura añadida. Es un producto artesanal, fruto de un cuidadoso proceso, y así es como se hacía el pan antes de que existiera la levadura comercial. Exige paciencia porque toma siete días en madurar, una vez que está listo se va usando en pequeñas porciones y puede “vivir toda la vida” en el refrigerador mientras se le siga “alimentando” con agua y harina. Suena sencillo, pero Camila dice que le llamó la atención no solo porque estuviera de moda, sino porque la teoría que sustenta su elaboración es sumamente interesante. El resultado es una masa con más fuerza, mejor sabor, mayor vida útil y una mejor corteza.

Para bautizar a sus panes, pensó en los ingredientes y la personalidad de cada uno. Coqueta es un pan que lleva harina de api, al cortarlo el color es bastante llamativo, bonito y coqueto. Consciente es un pan de harina 100% integral, endulzado con stevia y sin materia grasa. Atrevida es el nombre del pan que lleva cacao y botones de chocolate que parecen decir: “mírame”.

Jailón lleva ese nombre porque el cliente puede pedir los ingredientes que quiera. “Mientras más pueda gastar, más ingredientes puede pedir. Es un nombre que usé para bromear”, dice Camila.

T’anta Mila comenzó a producir el 10 de septiembre, día del cumpleaños de su creadora. Pero no fue algo casual porque ella lleva la panadería en su ADN como nieta de Ruth Arredondo, dueña de la repostería “Abuelita Ruth”. Es por eso que pudo arrancar usando sus harinas, utensilios y todo lo necesario. Ahora ya tiene sus propios insumos, aunque continúa usando los hornos del negocio familiar.

Pero la familia es parte importante del emprendimiento no solo por eso, sino también porque su hermana menor es diseñadora y creó la línea gráfica del negocio como regalo de cumpleaños. Su hermana mayor estudió Marketing y es la que sugiere contenidos y administra sus redes sociales.

Por los ojos

Así fue como abrió mercado para sus panes, mostrándolos en Instagram y Facebook, tentando con su aspecto. Posteaba sus creaciones y mucha gente le escribía y le decía que quería comprarlos. Una vez creada la expectativa, los lanzó al mercado. Recuerda que el primer mes la cantidad de pedidos no le daba abasto, pero después bajó un poco la intensidad, al pasar la novedad, y ahora percibe que los clientes son resultado del “boca a boca”. Buscan sus productos por el buen sabor, al que describe como completamente rústico, crujiente y una experiencia muy diferente.

Camila tiene solo 21 años, pero su camino está claramente trazado. Como debe volver un par de meses a terminar de estudiar, entrena a un amigo suyo para suplirla durante su breve ausencia. Al volver al país, se hará cargo del negocio familiar porque es la única de las nietas interesada en la gastronomía y tiene claro que es la que heredará el legado de su abuela.

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