El reciclaje de residuos, un sector donde prevalece el trabajo femenino

Una recolectora en la planta de separación del vertedero de Normandía, en Santa Cruz. (Foto: Karina Rivero)

Sandra Arias L.

Hace casi 30 años, Juana Limachi comenzó en el reciclaje de residuos recolectando huesos. En aquella época, recuerda, los molinos de Cochabamba compraban ese desecho para incorporar al alimento balanceado que producían. Lo que en un principio solo fue una oportunidad para ganar algo de dinero, se convirtió en su principal actividad y ahora ella forma parte de un grupo de 50 recicladoras que trabaja con la Fundación para el Reciclaje (Fundare) Cochabamba. “Si el hombre no aporta a la casa, la mujer tiene que meterse a trabajar en cualquier cosa. Como no hay trabajo, (el reciclaje) nos da oportunidad, sobre todo a las mujeres mayores”. Añade que lo más difícil del trabajo es la inseguridad y el maltrato de la gente. “Nos ven mal, nos insultan”.

Heiver Andrade, director de la Fundación Amigarse, y Ariel Oropeza, gerente de Fundare Cochabamba, coinciden en que más del 80% de quienes se dedican a esta actividad en el país son mujeres. Oropeza afirma que lo mismo sucede en otros países de la región.

Juana Limachi, recolectora de Cochabamba.

Ruth Velasquez (48), presidenta del grupo Ecorecolectoras Cochabamba, tiene una historia similar. Con cinco hijos que mantener, hace 14 años empezó a trabajar independientemente recolectando residuos en los contenedores que la Alcaldía de Cochabamba tenía distribuidos por la ciudad. Su actividad era nocturna y terminaba de madrugada, ese horario le permitía atender su hogar durante el día. Cuando el municipio decidió retirar los contenedores, ella y otras recolectoras temieron quedarse sin su fuente de ingresos, pero junto a 12 compañeras pidió apoyo a Swisscontact y se creó el grupo que, si bien no tiene personería jurídica, está patentado.

La forma de trabajo y los horarios cambiaron, ya que se les pidió que la recolección fuera casa por casa y durante la mañana hasta el mediodía, pero se acostumbraron y más mujeres se fueron sumando. Ahora son 360 miembros activos y el grupo da talleres, hay actividades en torno al reciclaje de residuos y capacitación, también dan apoyo a la Gobernación y a la Alcaldía de Cercado. Las Ecorecolectoras de Cochabamba recogen al mes, en promedio, 4 toneladas de cartón, 2 de chatarra y 8 toneladas de botellas PET.

Parte del grupo de Ecorecolectoras de Cochabamba. (Foto: labtecnosocial.org)

Al igual que Limachi, Velásquez dice que lo más riesgoso es la inseguridad y el maltrato de la gente. “El trato es muy discriminatorio, piensan que tenemos un sueldo y que es nuestra obligación recoger (los desechos)”. A la pregunta de por qué hay más mujeres en esta actividad, responde que se debe a que les da opción de cuidar de los hijos. “Entre nosotras nos apoyamos para cuidarlos, también hay chicas que estudian de día y con esta actividad pueden trabajar de noche y generar ingresos. Además, la mujer es más sería para el trabajo, más consciente y más cumplida con los horarios del grupo y con las reglas”.

Karina Rivero, secretaria general de la Red de Recolectores Santa Cruz, tiene 43 años y desde los 20 que se dedica a esta actividad. Cuando se casó, conoció a la abuela de su esposo quien recuperaba cartón y latas de aluminio, que era lo único que se revalorizaba en aquel entonces, y fue ella quien la introdujo en el rubro. Asegura que las mujeres son más cuidadosas, detallistas y entregan el material más pulcramente seleccionado que los varones.

Durante estos años de trabajo vio asaltos, accidentes y robo de los carritos de sus compañeras, cosas que agradece no haber sufrido en carne propia; sin embargo, tuvo que luchar contra los celos de su esposo. Pese a eso, no solo continuó trabajando, sino que se convirtió en líder de su grupo. En su caso, el reciclaje le dio la oportunidad de aportar económicamente a su hogar y también de conocer otras ciudades y otros países de América Latina en su calidad de representante.

Brasil, Chile, Perú y Colombia son los países que pudo visitar como representante del país ante la Red Latinoamericana de Recicladores (Lacre). Todo comenzó en 2014, cuando la Red Lacre realizó un congreso con sede en Santa Cruz, ella acompañó a los visitantes a conocer el trabajo de los recolectores y sus necesidades. Poco después, recibió un correo electrónico del directorio donde le comunicaban la designación.

Reclama atención del Gobierno para su sector porque presta un servicio.

Karina Rivero.

“Somos importantes porque somos el primer eslabón en la cadena del reciclaje. Somos los que estamos en las calles haciendo el trabajo que debería hacer el municipio”.

Karina Rivero, secretaria general de la Red de Recolectores Santa Cruz.

Se refirió a la Ley 755 de Gestión Integral de Residuos en el Estado Plurinacional de Bolivia, en la que afirma que “solo dos párrafos” aluden al trabajo de los recolectores. El artículo 18 de esta ley reconoce la actividad de los recuperadores o recicladores y establece que el nivel central del Estado, a través del Ministerio del ramo, coordine con las autoridades territoriales autónomas el apoyo a este sector con programas de formalización y asistencia técnica para mejorar sus condiciones de trabajo. Sin embargo, nada de lo instruido se cumple en los hechos, afirma Rivera.

Velásquez también cuestiona la falta de apoyo de las autoridades. “Hemos pedido su apoyo, que vean la importancia de nuestro trabajo para el cuidado del medioambiente, es una contribución silenciosa, nosotros ayudamos a que llegue menos basura a K´ara K´ara y a los ríos”.

Se estima que en Cochabamba hay 1.000 a 1.500 personas que trabajan en la recuperación de residuos.

“Mis hijos ya han terminado sus estudios y yo podría retirarme, pero me motiva seguir apoyando a mis compañeras, no las puedo abandonar. Ha costado levantar este grupo y es importante que siga aportando para cuidar el medioambiente y que siga existiendo como un medio de autoempleo”.

Ruth Velásquez, presidenta del grupo Ecorecolectoras de Cochabamba.

Las entrevistadas coinciden en que lo que necesitan es tener un centro de acopio, certificaciones, maquinaria y herramientas para optimizar su labor.

Es justamente ese vacío de apoyo el que llenan instituciones privadas como Amigarse, que trabaja en el ámbito de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE). Andrade explica que, en Bolivia, a noviembre de 2020, debían estar en funcionamiento todos los rellenos sanitarios, pero más del 95% de los 337 municipios del país no cumplió. Por otra parte, afirma que el modelo que aplica Bolivia es inadecuado porque se recicla menos del 5% de los residuos, es decir que todo se va a los vertederos, lo que significa desaprovechar gran cantidad de materia prima reutilizable. En Santa Cruz, de las 2.050 toneladas diarias que se generan, solo se recicla menos del 7%.

Separación de residuos en el vertedero cruceño de Normandía.

Para apoyar el trabajo de los recicladores, Amigarse dotó con un motor a batería eléctrica a los triciclos de los recolectores, un trabajo que empezó en octubre de 2020. Con tres horas de carga, el triciclo tiene autonomía de 60 kilómetros y va a una velocidad de 5 a 20 kilómetros por hora para evitar riesgos y, además, porque el trabajo requiere un recorrido lento. También incorporaron una caja al carrito para aplastar y transportar mayor cantidad de aluminio y botellas PET. Y está en proceso una herramienta tecnológica para facilitar el trabajo de los recuperadores.

“Una botella de cerveza tarda 4.000 años en degradarse si no se recupera. Eso nos da una idea del valor del trabajo de los recicladores”.

Heiver Andrade, director de Fundación Amigarse.

Amigarse también creó “La Casa del Recolector”, un espacio concebido para dar a los recuperadores un sentido de pertenencia y donde se sientan apoyados. “La idea es que se sientan como en casa, un lugar donde sean bien tratados, bien aconsejados, donde encuentren herramientas y equipos para hacer su trabajo”, explica Andrade. Los trabajadores también reciben capacitación vía Zoom, debido a la pandemia, una tarea difícil porque primero debieron enseñarles a usar la aplicación y se dotó de un móvil para el uso de cada una de las 25 asociaciones de recuperadores que hay en Santa Cruz. Está previsto replicar esta tarea en Cochabamba, La Paz, Sucre y Tarija.

Andrade dice que “el sueño” es que las asociaciones se conviertan en empresas sociales y generen empleo digno para sus miembros como emprendedores de triple impacto (económico, social y ambiental).

Oropeza dice que es un trabajo que requiere de mucho valor y que, si bien hay gente que trabaja para comer al día, hay casos de emprendedores que con constancia y disciplina lograron generar ingresos mensuales de 3.000 a 5.000 bolivianos.

Antonio Laredo, hasta hace poco presidente del Directorio de Fundare, expresó que en los dos años que tuvo de gestión, se capacitó a más de 3.000 personas en temas de reciclaje a través del proyecto “Hormiga”, se superó la meta de 100 toneladas anuales de reciclaje y revalorización de residuos industriales y se gestionó para Cochabamba el Programa de Reciclaje Inclusivo que la Fundación Avina realiza en Latinoamérica.

Juana Limachi expresa un pedido a nombre de los recolectores: “Queremos que la población nos apoye separando su basura. Ojalá pudieran colaborarnos así y tratándonos mejor”.

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