
Sandra Arias Lazcano | Pulso Empresarial
¿Sabías que, en promedio, cada chica podría tener un valor de 300 a 500 bolivianos de ropa en desuso? Así es como Nohelia Condori busca “enganchar” al público femenino, a través de sus redes sociales, para que se sume a su cruzada por el consumo consciente de ropa.
“Mi ropa vale” es el nombre de este innovador servicio que, inicialmente, se ofrece en La Paz para ayudar a deshacerse de la ropa que ya no se usa; pero, en lugar de echarla a la basura, puede intercambiarse y, además, la usuaria puede renovar su ropero porque recibe un vale de descuento para adquirir otra prenda hecha con material reutilizado.
¿Cómo funciona? Se elige la prenda que ya no se usa, se debe tomar una foto sencilla, enviarla al WhatsApp 605-81298 especificando la talla y el precio que se pide por la prenda.

La encargada coordina el recojo de la ropa y la entrega del vale de descuento para adquirir una prenda reutilizada, confeccionada por manos expertas.
La iniciativa ganó este año el concurso Mi primer negocio, organizado por la Alcaldía de La Paz.
La industria textil tiene un fuerte impacto ambiental y, en los últimos años, el auge de la “moda rápida” ha multiplicado exponencialmente la cantidad de ropa que se fabrica, así como la que se bota.
Como ejemplo, se calcula que los mexicanos compran ropa un promedio de 7 veces al año, invirtiendo el 4.6% de sus ingresos en ese rubro y solo el 2% de las prendas son recicladas en ese país.
En Bolivia, no existen cifras específicas sobre el tema; pero datos de la Fundación AMIGARSE, que trabaja impulsando la economía circular, señalan que en el país solo se recicla el 6% de los residuos revalorizables.
Y precisamente AMIGARSE desarrolla en Santa Cruz una iniciativa relacionada con la reutilización de ropa. “De recolectoras a maestras de costura” es el nombre de un curso de costura realizado recientemente como parte del proyecto “Empoderamiento de Mujeres Recolectoras”.
Si bien el proyecto fue pensado para mujeres, un grupo de 15 varones y mujeres comenzaron un proceso de aprendizaje entre el 20 de abril y el 20 de junio, donde aprendieron lo básico sobre costura.
Personas de diferentes edades acudieron para familiarizarse con las máquinas de coser y aprender desde cómo crear un molde. Al terminar el curso ya eran capaces de hacer bolsones o mandiles utilizando ropa o telas desechadas. Mary, Angélica y Guisela tienen diferentes edades, pero las tres compartieron la alegría de confeccionar algo con sus propias manos.
Ahora, los participantes piden otro curso para afinar el trabajo y aprender cómo utilizar las telas y crear algo más complejo.
La responsable de Programas y Proyectos de AMIGARSE, Sisy Sevilla, explica que el proyecto nació con el objetivo de que los recolectores que trabajan con la Fundación (alrededor de 2.000) tengan un ingreso adicional porque durante la cuarentena, en 2020, y el paro de 36 días en Santa Cruz, en 2022, se vieron imposibilitados de salir a recolectar residuos, que es su única fuente de sustento.
Ambas iniciativas tropiezan con la misma traba: falta de ropa para reutilizar. En el caso de “Mi ropa vale”, en marzo pasado organizó una campaña para recolectar ropa en desuso. AMIGARSE hizo lo mismo y logró acopiar 150 kilos para arrancar.
Sevilla explica que la idea era usar la ropa de seguridad que desechan las industrias; pero solo dos cumplieron con el compromiso de entregarla.
Y tú, ¿qué haces con la ropa que desechas?
Este trabajo fue realizado en el marco del taller de periodismo de soluciones organizado por la Fundación para el Periodismo con el apoyo de la National Endowment for Democracy (NED).
